La pantalla en el piso o en la pared parece una decisión de instalación. En realidad es una decisión de hospitalidad.
Un detalle de montaje que parece menor puede ser el motivo por el que tu cliente no completa el pedido. La ubicación de una pantalla no es logística — es hospitalidad.
La tecnología que no se usa correctamente no suma — resta. Y el detalle que decide si se usa o no puede ser tan simple como la distancia entre la pantalla y el cliente.
Si la pantalla queda demasiado lejos para escanear cómodamente, nadie lo va a reportar como problema. El cliente simplemente va a sentir una fricción que no puede nombrar — y tú no vas a saber por qué no funcionó.
La hospitalidad no ocurre solo en la mesa. Ocurre en cada punto del camino que recorre tu cliente, incluidos los que tú no ves porque ya te fuiste cuando los instalaron.
El trabajo de un buen proveedor no termina cuando monta el equipo. Termina cuando el cliente del restaurante puede usar la tecnología sin pensar en ella. Ese es el estándar real.
