Escanea un QR, entra a la fila desde su teléfono y ve su lugar en tiempo real. Puede irse a la sombra, al carro o a dar la vuelta — tú le avisas cuando la mesa está lista.
La espera no desaparece. El sufrimiento, sí.

¿Cuántas personas esperaron el viernes pasado? ¿Cuántas se fueron sin que nadie las atendiera? Ese número no aparece en ningún reporte y es dinero real.
Flow lo registra completo: quién esperó, cuánto esperó y quién se fue.

Un QR y WhatsApp: el canal que ya traen en la mano. Sin app, sin cuenta, sin contraseña. Cada registro autónomo es una mesa gestionada sin tu equipo y un contacto nuevo en tu base.
El cliente quiere llegar sin avisar, pero odia no saber si habrá lugar. Flow resuelve las dos cosas: consulta tu disponibilidad real y reserva por WhatsApp en segundos, o entra a la fila virtual si prefiere caer. Tú administras los espacios desde la tablet y te avisa en cuanto alguien reserva.

Hoy es el cumpleaños de Alan y sabes que siempre pide el pastel de chocolate. Ese dato ya está en tu base; nomás estaba dormido.
Flow te deja mandarle por WhatsApp una invitación que reconoce quién es, en lugar de la promoción genérica que ya aprendió a ignorar.
El cliente que recibe una invitación pensada para él no la vive como campaña.
Flow usa lo que ya sabes — cuándo vino, qué pidió, cuándo cumple años — para escribirle por WhatsApp solo cuando tienes algo real que decirle.
