El mesero que más sonríe puede estar robándote en silencio — y el descuento es su herramienta
Con una sola sucursal, el dueño ve cada descuento. Con dos o tres, esa visibilidad se rompe — y el criterio de cada servidor se convierte en la política del restaurante.
En un restaurante pequeño, el dueño conoce cada descuento que sale. Sabe quién lo autorizó y por qué.
En cuanto abres la segunda o tercera ubicación, esa visibilidad se rompe. Los descuentos empiezan a ser para el amigo, para el primo, para "el cliente que se quejó" — sin que nadie lo verifique. El ticket cierra, el dinero ya no está, y el reporte no dice nada.
El problema no es que existan descuentos: bien usados, construyen lealtad. El problema es que sin reglas claras y auditoría automática, el criterio de cada servidor es la política del restaurante.
Crecer sin sistemas de auditoría no es crecer — es delegar el control de tu margen a la discreción de cada turno.
