El descuento que nadie configuró para sobrevivir al delivery terminó convirtiéndose en una oportunidad de robo
Una promoción mal programada no es un bug técnico menor: es una grieta en la operación que alguien, tarde o temprano, va a atravesar. Aquí está el mecanismo exacto.
El equipo de sistemas no supo programar excepciones por canal — comedor vs. delivery — y la solución fue delegar el descuento al gerente. Un parche manual sobre un problema de diseño.
Lo que nadie vio: un empleado podía cobrar la cuenta completa, cerrarla, y luego aplicar el descuento en su propio beneficio. El sistema lo permitía porque nadie pensó en ese flujo al momento de configurarlo.
Cada decisión que se toma "porque así quedó" o "porque no supieron hacerlo de otra forma" es una deuda operativa. Y las deudas operativas no cobran intereses — cobran confianza, merma y rotación.
La tecnología que no fue pensada para la operación real del restaurante no simplifica: complica. Y lo que complica, eventualmente, lo explota alguien.
