La gente a veces prefiere pedir directo al restaurante aunque le cueste lo mismo. No es precio. Es algo más difícil de medir — y más fácil de perder.
Lo que el cliente compra raramente es lo que tú crees que vendes. La orden es el pretexto; la experiencia, la razón.
Lo que el cliente compra raramente es lo que tú crees que vendes. La orden es el pretexto; la experiencia es la razón.
Los restaurantes que dependen de plataformas de terceros ceden algo más que una comisión: ceden el contacto, el dato, el nombre, la historia del cliente. Y cuando el repartidor falla, el daño lo absorbe la marca — no la plataforma.
Hay clientes que eligen el canal directo porque sienten que les importas más. No es irracional. Es tribal: "gente como yo pide directo al restaurante que le importa."
El canal directo no compite con Rappi o Uber Eats por precio. Compite por pertenencia. Y esa batalla, bien librada, la gana siempre el restaurante.
