La lista de espera de tu restaurante puede estar ahuyentando clientes que nunca te dijeron adiós
La espera no es el problema. La incertidumbre durante la espera sí lo es. Y hay clientes que se fueron sin quejarse.
La espera no es el problema. La incertidumbre durante la espera sí lo es.
Un cliente que espera 20 minutos sabiendo su posición en la fila y recibiendo una notificación cuando su mesa está lista vive algo completamente distinto al que espera 15 minutos mirando a la hostess sin saber si lo olvidaron. El segundo no siempre se queja: simplemente no regresa.
Cuando el cliente sabe que no está abandonado —que su nombre existe en algún lugar, que hay un proceso, que alguien está pensando en él— la espera se convierte en anticipación.
El momento antes de sentarse es parte de la experiencia. Los restaurantes que lo diseñan con intención convierten la lista de espera en el primer acto de hospitalidad, no en el primer motivo de fricción.
