Una tableta en la mesa parece innovación. En realidad, es el problema disfrazado de solución.
La tecnología que pones frente al cliente dice más de tu cultura que cualquier declaración de misión. Y a veces lo que dice no es lo que querías.
Instalar una tableta en la mesa resuelve el problema del restaurante: menos meseros, más turnos. Pero crea uno nuevo para el cliente: está a punto de comer y lo primero que le pides es que toque algo que no sabe quién tocó antes ni si alguien limpió. La fricción invisible es la más cara.
El celular del cliente ya está en su bolsillo. Ya lo conoce, ya confía en él. Escanear un código y pedir un jugo de naranja sin interrumpir la conversación de la mesa no reemplaza al mesero — lo libera para lo que importa.
La mejor tecnología en hospitalidad es la que el cliente ni nota que usó.
Si tiene que aprender a usarla, ya perdiste.
