El cliente de hospital dijo algo que la mayoría habría ignorado: "necesito que funcione para el que nada más tenga que apretar un botón"
El usuario que nadie dibujó en el journey map es, con frecuencia, el que decide si tu solución funciona o no. Una conversación en un hospital lo dejó clarísimo.
El producto que diseñas para el usuario más sofisticado casi siempre le falla al más importante.
En hospitales, clínicas de oftalmología y centros de imagen, el usuario final no es el administrador que firmó el contrato. Es el paciente de la tercera edad que llega nervioso, sin batería en el celular y con prisa por salir. Si el sistema no funciona para él, no funciona.
El prospecto lo dijo sin rodeos: necesitaban cubrir tanto al usuario tecnológico como al que solo aprieta un botón. No era un requisito de lujo — era el requisito central.
Las mejores soluciones no se diseñan para el comprador; se diseñan para el usuario más vulnerable. Cuando lo logras, el comprador renueva solo.
