Cambiar de sistema no borra los problemas. Solo los mueve a otra pantalla.
La promesa de migrar a una nueva plataforma casi nunca se cumple sola. El problema no era el sistema anterior — era lo que había debajo de él.
La promesa implícita al cambiar de plataforma es "esto ya no va a pasar". Casi nunca es cierta.
El equipo tenía años con el sistema anterior: sabía sus atajos, sus vicios, hasta sus fallas. El nuevo los maneja diferente — y la curva de adaptación genera fricción real mientras el restaurante sigue operando.
El problema no es el sistema nuevo ni el viejo. El problema es saltarse el paso previo: entender cómo trabaja el restaurante antes de configurar cómo trabaja el software. Sin ese proceso, cualquier migración es solo cambiar el escenario del mismo problema.
Un restaurante que adopta tecnología sin un onboarding que entienda su operación no está avanzando — está apostando. Si el proceso estaba roto antes, el sistema nuevo lo hará más visible. No lo resolverá solo.
