Están "afinando" el menú para delivery. Ese es exactamente el momento en que la mayoría de los restaurantes pierde el año.
Entrar a delivery no es un problema técnico: es una decisión estratégica. Y cada semana de "afinación" es una semana sin datos reales.
Ya tienen pedidos para llevar. Ya le surten al edificio de oficinas de enfrente. Ya hay reuniones internas sobre qué entra al menú y qué no. Hay intención — pero cada junta de "afinación" es una semana sin una sola orden real.
Los restaurantes que cierran rápido y prueban en pequeño aprenden más en 30 días que los que perfeccionan durante 6 meses. El menú de delivery no se diseña en una sala de juntas: se diseña con los pedidos del primer mes.
La propuesta ya está sobre la mesa. La junta ya está agendada.
El único riesgo real no es salir con el menú imperfecto — es esperar a que todo esté listo para descubrir que el mercado no era el que imaginaban.
